
jueves, 26 de mayo de 2011
La continuidad de errores

lunes, 7 de marzo de 2011
Ayer nomás
viernes, 4 de marzo de 2011
Las manos
Me temblaban las manos.
Había una sensación que se apoderaba de mi cuerpo. Un súbito miedo partió de alguna neurona inquieta y tomó forma de idea. Esta fue susurrada lentamente por mi voz interior, a conciencia de las consecuencias que traería. El corazón comenzó a latir más rápido y más fuerte, a tal que punto que puedo asegurar que dolía. El aire que tomaba no parecía contener la cantidad de oxígeno que mi cuerpo exigía. Una batalla de preguntas y respuestas instaló un gobierno de facto sobre mis pensamientos.
Yo, sólo le entregué un billete a una cajera mientras ella miraba con atención aquel único síntoma visible. Claro, me temblaban las manos, pero por dentro me estaba muriendo.
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Nota: En el fondo todo tiene que ver con todo y este texto se lleva muy bien con un corto que voy a filmar dentro de un mes. Se llama "El último cigarrillo" y próximamente publicaré algunas cosas sobre el mismo.
lunes, 14 de febrero de 2011
miércoles, 12 de enero de 2011
Sobre el azul
Supongo que no soy el único que lo hace, pero suelo adjudicarle colores a mis recuerdos. Creo que es algo equiparable a lo que hace la gente que pone esas etiquetas de colores en los cuadernos universitarios para encontrar rápidamente la materia que necesita.
Azul, pero ese que se ve en películas de ciencia ficción de los 50´s (que siempre iba acompañado por un verde), es esta noche.
La noche tiene el placer que otorga el terminar de escribir algo que gusta. Pero por otro lado, como si fuera poseído por el protagonista de esa historia temí que fueran las últimas horas de mi vida (o capaz él fue producto del miedo que tenía).
Una sonrisa.
Un beso.
Una caricia.
Se apagan las luces.
-Perdón, pero no puedo dormir.
Si funcionó hace 2 días, puede volver a funcionar ahora.
Un tilo.
Una caricia.
Un beso.
Se apagan las luces.
-¿Y si pasa y se acaba todo?
Un disco comienza a sonar.
-¿Lo escuchaste este?
-No
-Escuchalo y dormí, te va a gustar.
Lo escucho, me encanta, pero los ojos no se quieren cerrar, ellos son los que mandan y dicen que tengo que fijar mi mirada
y yo no puedo ni mirar el cielo sin nombrarte
Gracias Drexler.
¿Serán las últimas horas de este mundo? Yo elegí como pasarlas.
esta canción quiere estar donde estés tu
Pero por los movimientos que hacen tus ojos resguardados por párpados se nota que estás lejos, perdida en algún sueño del que nunca te voy a preguntar. Quiero estar ahí, pero a su vez necesito seguir acá, registrándolo todo como si estuviera guardando la imagen para algo.
ven, cura esta pena, quítame estas ganas de ti
Esa canción me suena, la escuché mucho antes, se que está en algún lugar de mi casa, en algún cd grabado cuyo valor no se halla en los 80 centavos que debe haber costado.
Sí, sí, me acuerdo…
…ese cd…
…la guitarra tiene un efecto tipo…
…la batería suena muy…
…la caja roja una vez apareció abierta y dije…
…tenés que volver a ver el programa de Encuentro si necesitás…
Despierto, la ventana hace entrar una luz azul pero no es de día; falta mucha noche aún. ¿Y la gran explosión?
¿Y la gente volando a velocidades inimaginables hacía su muerte segura?
Ya nada de eso importa.
Estoy vivo; estoy acá mirando a quien quiero mirar. Y se que a pesar de todo no me arrepiento de mi insomnio, ni de mi cabeza estúpida que disfruta divagar y llevarme hasta la orilla de la cordura.
La noche es azul, no te olvides Maxi, capaz algún día escribas algo sobre esto.
viernes, 7 de enero de 2011
El grito
Quebrando una a una mis cuerdas vocales voy a liberar un GRITO. GRITO que en sus primeros metros de recorrido hará polvo una de las paredes de mi habitación para abrirse camino.
Que estrellará taxis y colectivos, regalándole al pavimento una cálida lluvia de cristales y etiquetas de radios de Palermo.
En un radio de 3 km dejará a las casas sin numeración, soltando (en caso de requerirlo) uno a uno los tornillos de los carteles que las aferran.
En mi barrio no faltará el que tema que se adelantó el 2012 y movilice las velas de un santo a otro.
En los cines pequeños, espectadores ofendidos reclamarán que se les devuelva el valor de las entradas; y en los otros, se seguirá pensando que la bebida no está suficientemente azucarada.
Claramente va a cortar el tránsito de la General Paz y supongo que los medios se pelearán por buscar un culpable político demonizando a quien vislumbren como un oportuno enemigo.
Pero el GRITO va a seguir su viaje a gran velocidad. Luego de hacer que algunos árboles sufran un simulacro de otoño, va a dividir, de un modo casi bíblico, las aguas de un charco y una fila de hormigas cruzará.
Si bien podría pasar toda la vida pensando cada una de las consecuencias, prefiero quedarme tranquilo de saber que quebrando una a una mis cuerdas vocales voy a liberar un GRITO. GRITO que cuando llegue a tus oídos no será más que un dulce suspiro.
lunes, 27 de diciembre de 2010
La tomografía computada

Si lo pudiera entender, todo sería distinto...
Esto lo dejé en los borradores de este blog hace un mes cómo un modo de incentivarme a escribir algo al respecto. La frase estaba seguramente referida a mi absolutamente comprensible incapacidad para la lectura de tomografías computadas. De más está decir que no fue una gran idea. Algo que al menos puedo decir es que supongo que de esta cosa horrible provienen mis ideas; las buenas y las que motivaron a esa frase.
Como verán soy uno de los pocos afortunados que poseen un CD con 20 apasionantes fotografías de su masa encefálica y aledaños. El modo de conseguirlo fue más que sencillo: un fuerte golpe en la cabeza (probablemente hayan sido dos) con un posterior desmayo.
La verdad es que me sorprendí de cómo mi “sutil” hipocondría, con pizcas de paranoia, actuó a la perfección esa vez. Me acuerdo como estaba tirado en la camilla de la guardia haciendo declaraciones de amor por las dudas, o dibujando letras en mi pecho para asegurarme de que estaban intactas mis capacidades neuronales. Al parecer todo estaba perfecto, pero mi cabeza divagaba, viajaba, imaginaba cosas. Cuándo me llevaron al tomógrafo en silla de ruedas (¡che, eso no fue culpa mía! no quería dar ningún tipo de imagen trágica; las opciones eran: silla de ruedas o camilla) pensaba: “tengo que mantenerme atento, a ver si son médicos sádicos que me están llevando a algún tipo de sector oculto de la clínica dónde experimentan con los boludos que caen un domingo a la madrugada a romper las pelotas”. E inclusive dentro del tomógrafo, las imágenes terroríficas continuaban disparándose: médicos vestidos con delantales rojos me ataban a una camilla, sacaban instrumentos extraños, de esos que no se ven en ER; y se reían sin parar; mientras decían cosas como “¡Enfermera! alcánceme ese artilugio, voy a hacerlo mierda a este pendejo” (y sus voces sonaban como si estuvieran procesadas por un flanger).
Hoy puedo decir que lo más terrible es cómo agarré Dead ringers de Cronenberg, le metí un cachito de Coma de Michael Crichton mezclado con cualquiera de Carpenter, y seguro alguna bien clase B que no recuerdo del todo.
Volví a la realidad, al tubo ese donde me metieron los médicos de verdad, los que vestían de blanco y pensaban: “¡Son las ocho de la mañana!”; los que advirtieron que no abriera los ojos, aunque los abrí un milisegundo para ver dónde estaba. Obviamente ese diminuto acto quiso ser puntapié inicial de una nueva cadena paranoica: ¿y si miré por mucho tiempo y ahora estoy por quedar ciego?. Ahí mi cabeza me dijo que ya era suficiente. Instantáneamente se acabaron las películas de terror, los médicos sádicos, el ACV que nadie se anima a informar, la necesidad de dejar el último “te amo”, la probable ceguera y demás ideas que se presentaron en esa madrugada de domingo a mediados de septiembre en alguna clínica de Palermo que te da el CD con la tomografía computada, pero no te dice como se interpreta, ni si tenés algo o no.
